Después de un largo día de trabajo pensé, ¡NECESITO VACACIONES! y “voilà” nos pusimos manos a la obra a buscar en internet un hotel y unos billetes a precio económico para pasar allí unos días de descanso.
Decidimos que queríamos un vuelo económico, pese a todos los inconvenientes que esto conlleva, levantarse a las 4 de la mañana, apretar la maleta de mano para que encajase en aquel incómodo “cajón”, ponerse rápido en la cola de embarque para poder coger un buen sitio en el avión, en fin, ya sabéis…volar en una aerolínea low-cost.
Cuando llegamos al aeropuerto Charles de Gaulle (esto fue lo único que teníamos claro, queríamos este aeropuerto-bajo
recomendación de @lisaramin-) como buenos turistas, hicimos la cola en el mostrador turístico de turno, ¡sorpresa! Nos atienden en español –he de reconocer que fue un alivio ya que no hablábamos ni “pa-pa” de francés”- y nos hace una oferta de billete de metro para los días que incluía también el tren ida y vuelta al aeropuerto. 50€/persona nos costó la broma (para que luego digan que el transporte público de Madrid es caro).
recomendación de @lisaramin-) como buenos turistas, hicimos la cola en el mostrador turístico de turno, ¡sorpresa! Nos atienden en español –he de reconocer que fue un alivio ya que no hablábamos ni “pa-pa” de francés”- y nos hace una oferta de billete de metro para los días que incluía también el tren ida y vuelta al aeropuerto. 50€/persona nos costó la broma (para que luego digan que el transporte público de Madrid es caro).Mapa en mano, nos analizamos durante el trayecto en tren, los trasbordos que nos tocaría hacer, que líneas tenías que coger y sobre todo, la dirección de la línea. Resultó ser, “coser y cantar”. Somos turistas, si. Pero, listos :=)
Llegamos a nuestra parada de la línea 13, Brochant. Y, aunque teníamos más o menos claro como llegar al hotel, finalmente, nos tocó preguntar. Muy cerquita estábamos el hotel Abrial, se abrió a nuestros ojos. Es un hotel normalito, de 3 estrellas (parisinas), que para pegarse una ducha y dormir, es suficiente.
Como era de esperar, por el madrugón, nuestra habitación no estaba lista, así que, cogimos lo imprescindible y volvimos al metro. Nuestra primera parada fue, Champs Elysées, y comenzamos a caminar, el día estaba nublado, oscuro y con intenciones de ponerse a llover, así que, cámara en mano turisteamos por las calles “cual japoneses”.
El hambre apremiaba, y en el primer lugar que encontramos nos dispusimos a comer algo. Los Champs Elysées eran interminables, los ojos se me iban a todos los escaparates pero, nuestro objetivo era el Arc de Triomphe (Arco de Triunfo para los que no dominamos el francés).
Una vez en la puerta, se me ocurrió preguntar si había descuentos para jóvenes, y tras enseñar mi DNI, gratis entramos. Aquellas escaleras eran interminables, parecía que nunca iban a llegar a la cima. El “sufrimiento”, mereció la pena.Cuando nos dimos cuenta, estábamos divisando París, o lo que la niebla nos dejaba ver.
¡Un café! Con esa temperatura y el cansancio que llevábamos en el cuerpo, es lo que necesitábamos y en una calle aledaña nos tomamos un capuccino calentito, el frío me regresó al cuerpo al ver el precio 13€ ¡por dos cafés!
Habíamos quedado con mi amiga @lisaramin, que por muy madrileña que sea, de eso ya le queda poco, ya es parisina, parisina
Nos llevo a tomar una –o varias- cervezas en el cafe de les 2 moulines, o lo que es lo mismo el café de Amelie.
Cenamos en “Bristo Chat Noir” un sugerente restaurante a pie de calle que realmente, me gustó. La verdad que me sirvieron uno de los mejores steak tartare que he probado nunca. Además de un excelente vino.
El segundo día fue duro madrugar pero, abrimos las ventanas y nos esperaba un soleado y maravilloso día, así que nos pusimos en marcha,..
Primer destino, Sacre Coeur subimos las escaleras, nos intentaron hacer el timo de la pulsera… (Y es que, mi compañero de viaje parece que lleva escrito en la frente “pídeme un cigarro e intenta venderme algo” xD), nos dimos una vuelta por el interior y acto seguido, paseamos por Monmatre donde tuvimos la oportunidad de observar a los artistas. Y dicho sea de paso, comimos una deliciosa crêpe.
Era el día idóneo para acudir a la Torre Eiffel, llegamos a los campos de Marte y tras conseguir sortear a los pequeñajos de un cole que estaban de excursión, vimos que la cola para “escalar” la torre era mínima, compramos la entrada y pasito a pasito llegamos al punto donde debimos coger el
ascensor para subir a la cima.Me encantó la impresión de sentirme en la cima de París, donde todo parecía pequeño y cercano. Y ver desde el primer piso la inmensa cola de aquellos que, por vaguería, edad o incapacidad tenían que subir en ascensor, fue un verdadero espectáculo.
Seguimos nuestro camino, a orillas del río. Queríamos ver la gran noria instalada en el centro de París, con aquellas luces que invitaban a subirse desde la lejanía del Arco de Triunfo.
Aprovechando que la subida al Arco de triunfo nos salía gratuita, decidimos armarnos de valor y volver a subir para poder ver París completo de noche (sin niebla ni nubes) y ver la Torre Eiffel iluminada desde las alturas, algo que realmente mereció la pena!
El siguiente día, nos despertamos otra vez rodeados de llovizna, bruma y un cielo gris oscuro que invitaba a la tristeza. Pero,eran muchos los sitios que nos quedaban aun por visitar.
Nuestra primera parada fue la majestuosa, Catedral de Notre Dame. Ya acostumbrados a las colas para entrar a visitar los lugares, allí que nos pusimos, bajo la lluvia para poder acceder. La verdad es que es impresionante por dentro, ya tenían montado el nacimiento, había dos maquetas impresionantes en el interior.
Nos apetecía comer algo y encontramos un Subway en la acera de enfrente (lugar al que no recomiendo bajo ningún concepto entrar) los sándwiches estaban mal hechos, fríos, el lugar sucio, los dependientes eran muy bordes, desatentos, había una cola importante y ellos no paraban de reír y charlar entre ellos.
Queríamos llegar al gran museo del Louvre, pero no sin antes callejear, para poder ver la renombrada parisina universidad
de La Sorbonne. Anduvimos hasta llegar a Pont des Arts, un lugar curioso en el que los enamorados “sellan” su amor cerrando un candado, grabado con sus nombres.
de La Sorbonne. Anduvimos hasta llegar a Pont des Arts, un lugar curioso en el que los enamorados “sellan” su amor cerrando un candado, grabado con sus nombres.Tras hacernos las típicas fotos en la pirámide de cristal del Louvre, decidimos que sería una gran tarde de compras. Hicimos cola en La Dureé, para poder llevar a casa los típicos “macarroons” –aunque mi sorpresa al llegar a Madrid, fue que aquí ya los vendían en pastelerías e incluso en Hipercor-. También paramos en un puesto de venta de quesos típicos franceses, y ahí… Arrasamos.
Después de haber conocido el París turístico, si de algo estoy segura es que necisto un nuevo viaje para conocer los entresijos de la ciudad, recovecos y secretos…







