@Sinituini, amiga viajera de Browie nos cuenta sus aventuras en el gran viaje que hizo por México. DISFRUTARLO !
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Era la promesa pendiente de hace años. Una gran amistad que nació en Londres tras unos meses de convivencia y que ha permanecido hasta la fecha sin intención de amainar.
Dos personas que me ofrecieron la oportunidad de conocer su maravilloso país y que me abrieron las puertas de sus casas con el cariño de sus familias.
La idea era pasar allí un mes y no permanecer en el mismo sitio, sino montar base y viajar.
Bien entrado septiembre llegué a Madrid con el ansia viva, muerta de ganas por coger el avión y viajar miles de kilómetros hasta mi promesa. Ya no faltaba nada, ya estaba hecho. Por fin.
Entonces llegué a la capital, México D.F., donde comenzaría todo. Unos familiares de Fernanda nos acogieron en su casa y aquello fue
amor a primera vista. A pesar del cansancio del vuelo había un hambre voraz y la propuesta fue “El fogoncito“, segú
n dicen, experto en tacos al carbón desde 1968 y uno de los mejores sitios para disfrutar de los deliciosos “Tacos al pastor”. Desde luego que sí! En conjunto fue un auténtico acierto: no sólo la comida estaba deliciosa; el ambiente, la decoración y la atención prestada fueron perfectos. Fue en ese sitio donde realmente me di cuenta de que por fin estaba en México.
Después de cenar por fin podía descansar. El día siguiente prometía…
Y tanto, porque si digo que el destino era Teotihuacán nos dan agujetas sólo de pensarlo. Pero qué increíble lugar. Visita obligada, ya lo sabéis.
Nada más llegar y en la zona de la entrada se encontraban preparados unos
Voladores de Papantla.
Quedé impresionada por la destreza y tranquilidad con la que estos expertos malabarist
as subían hasta lo más alto del poste para después dejarse caer al aire girando perfectamente coordinados y descendiendo poco a poco hasta la tierra. ¿Lo mejor? Nada de arneses ni elementos de seguridad, sólo una cuerda atada a sus tobillos y la experiencia de los años y de las generaciones anteriores.
La ciudad de Teotihuacán me resultó absolutamente impresionante. Realmente la inmensi
dad de sus pirámides y la historia de su pueblo te trasladan a un mundo de leyendas e historia que va más allá de cualquier cosa que te puedan contar. El “Paseo de los Muertos” es la vía principal de esta ciudad, que conduce hasta las dos pirámides principales: la Pirámidede la Lunay la Pirámidedel Sol. Podréis haceros una idea gracias a estas fotos pero os aseguro que no hay nada como tenerlas delante. Y nada como subirlas, señores. Nada igual. Eso sí, las vistas y la foto desde arriba en plan “soy el rey del mundo” merecen la pena. 
Después de una buena siesta y reponer fuerzas me advirtieron de los planes para esa noche. Los tenía fritos con eso de que yo quería ver Mariachis, así que me consintieron una vez más. Esa noche iríamos al famoso Restaurante-Bar Jorongo, ubicado dentro del Hotel Sheraton. Aquí vi por primera vez en vivo a un maravilloso grupo de Mariachis, además de otros grandes grupos de
música mexicana y cubana. También fue aquí donde probé mi primer shot de tequila (a lo tonto no veas). Me llamó mucho la atención ver cómo todos los señores de la sala sacaban a bailar a sus mujeres. Casi era automático. Si hay música se baila y, si se baila, siempre acompañado de una mujer. Como Dios manda. Empecé a notar esas costumbres y tratos entre hombres y mujeres tan extintos en estas sociedades de por aquí. Y volviendo al Jorongo, decir que es el lugar ideal para disfrutar de lo más auténtico de México en un ambiente muy divertido y animado. Y acabó mi fin de semana en el D.F. Nos despedimos de Ernesto, Rocío y Montse.
Ahora tocaba meternos en un viaje de 5 horas en coche hasta San Luis Potosí. Esta sería mi base,
una hermosa y humilde ciudad colonial perteneciente al Estado que lleva el mismo nombre. Me esperaba una reunión familiar con barbacoa y millones de tacos. Mucha gente y muchos abrazos. Algunos reencuentros y una felicidad que me embriagaba. De verdad estaba donde siempre había soñado. Cuando conocí la ciudad me sorprendió la cantidad de iglesias que tenía, una detrás de otra. Se nota que ahí los españoles teníamos ganas de decir ” aquí estoy yo”.
A los tres días teníamos un nuevo destino. Puerto Vallarta. 7 horas de viaje en coche. Lo que no se me va a olvidar en la vida es el guantazo de humedad que me golpeó en la cara al bajar del coche. Qué calor más incómodo. 
Nos alojamos en un hotel de amor y lujo (como diría mi madre) y allí disfrutamos de la playa y el descanso. Fue aquí donde vi algunos animales por primera vez, como el colibrí, las iguanas en libertad y los pelícanos.
Nuestra estancia allí coincidió con el día dela Independenciade México, la noche del 15 al 16 de septiembre. Salimos a dar una vuelta para meternos en el ambiente de la
fiesta con la mala pata de que cayó un aguacero de aúpa. La verdad es que no nos frenó. Esa noche fue memorable (sin entrar en detalles).
Al día siguiente fuimos a cenar a la famosa “Bodeguita del Medio“, un restaurante cubano con mucho encanto y lleno de música y de letras. Comimos, bebimos y bailamos. Recomendadísimo.
Acabada la aventura por este lado del Pacífico, pusimos rumbo de nuevo a San Luis. De
camino pasamos por Tequila, en el estado de
Jalisco. Y sí, aquí nace el tequila! Se trata de una pequeñita ciudad rodeada de grandes campos de agave azul completamente involucrada en el desarrollo de la famosa bebida que le da nombre. Visitamos la casa José Cuervo donde disfrutamos de una preciosa exhibición de Charros y Danzantes.
Llegamos a San Luis con muchas ganas de cama. Aunque yo no descansaría demasiado, ya que al día siguiente por la
mañana salía de viaje para reencontrarme con otra gran amiga en Monterrey, Estado de Nuevo León, también a 7 horas de autobús (recordaros que en este país no existe el tren). Menudo recibimiento. Anasylvia y su familia realmente deseaban que me sintiera como en casa y que aquellos días fueran inolvidables. Así fue. Tengo que destacar de este sitio el enclave natural en el que se encuentra. Llama enormemente la atención los inmensos cerros que rodean esta gran ciudad. Dos de ellos se llevan todo el protagonismo: el Cerro de la Silla, formando parte de la Sierra MadreOriental, y el Cerro de la “M”, ubicado en el parque ecológico de Chipinque. Merece la pena subir la montaña por sus caminos boscosos llenos de mariposas monarcas y detenerse en los distintos miradores para divisar la ciudad. De verdad que las vistas son de cine.
Monterrey es la tercera ciudad más grande del país, después de México D.F. y Guadalajara, y como tal se nota en el ritmo de vida, en los comercios, en las luces y en el ambiente. La encontré algo más cosmopolita y menos tradicional. Cada quien con su encanto, está claro.
Tras pasar una semana aquí, me tocaba regresar al campo base. Cuando llegué recibí la sorpresa de un reencuentro inesperado: May, otra compi de Londres, de la época de las promesas. También potosina y terminando sus estudios de Restauración. Pronto me enseñaría muchas otras cosas pero antes tenía otros planes: Fernanda había organizado
un viaje con amigos a Guanajuato y San Miguel de Allende. Esto era un no parar. Yo encantada, por supuesto.
Guanajuato (Estado de Guanajuato) es una de esas ciudades que siempre había querido conocer. De esos lugares que tenía en mi lista de destinos preferidos. Y cómo lo disfruté. De los lugares más bonitos y con más encanto en los que he estado. Hay un ambiente joven que invita a todo. Es una ciudad llena de vida, de color y leyendas. Como la leyenda del Callejón del Beso.
Al día siguiente, visitaríamos en una tarde la ciudad de San Miguel de Allende
(Estado de Guanajuato). Todo un descubrimiento. Bastante más pequeña pero preciosa. Me llamó la atención la cantidad de europeos que encontré aquí. Por lo visto, a ingleses y alemanes les gusta mucho la costa española pero prefieren jubilarse en San Miguel. Curiosidades. Tengo otra: es Patrimonio Cultural de la Humanidadpor la Unescodesde 2008. Destaca de esta ciudad su Parroquia, una auténtica belleza.
Antes de volver a San Luis, aprovechamos para hacer una pequeña parada en Dolores Hidalgo para tomar uno de sus famosos helados. Coincidía que eran las fiestas y había mucho ambiente en las calles. Este pequeño municipio tiene
gran importancia en la historia de este país, ya que fue aquí donde comenzó su independencia de los españoles y es reconocida por Decreto comola Cunadela Independeciade México.
Y por fin llegamos a San Luis, después de un largo fin de semana de pequeños viajes. Tras un poco de descanso y pasados unos días ya más quietecitos, Fernanda y Rubén me llevaron a conocer una auténtica cantina mexicana. Y así se llamaba: La Cantina. Os muestro algunas fotos de este curioso lugar y os aconsejo ver la web. Muchos cantarines. DIVERTIDO Y… 100% MEX!!!
Ya me quedaban pocos días en México y se me metió en la cabeza que tenía que
montar en burro, porque ya era lo único que me faltaba. Así que con la excusa, volvimos a coger el coche y
nos fuimos de excursión a Cerro de San Pedro, a escasos kilómetros de donde estábamos. La verdad es que no hubo suerte y no hallamos burro por ningún lado. Pero descubrimos que San Pedro era un pueblo muy pequeño y prácticamente deshabitado que guardaba muchos rincones llenos de historias. Nos hablaron de un famoso restaurante italiano de mucho éxito y de platos exquisitos: “El Nopal“. No se pasaron, era verdad. La pizza más rica y bonita que me habían preparado nunca. Sí, la más bonita. Es que todo hay que decirlo. Este restaurante aprovecha el suelo de unas ruinas y lo convierte en un espacio original y particular, donde se te olvida que este mundo es mundo.
De vuelta a la realidad, volvemos al campo base. De nuevo en San Luis, es el momento de retomar mi reencuentro con May. Teníamos
que ponernos al día en muchas cosas y después de ello, me presentó a parte de su familia. Gracias a ella conocí a sus primos Guillermo y Jose Cadena, dos jóvenes emprendedores que, junto a su hermana Teresita, crearon Tipi’Óka. Quiero destacar este negocio, ya que sus productos no se conocen por este lado del Atlántico y llamaron bastante mi atención. Se trata de unas bebidas refrescantes que se sirven acompañadas de tapioca, un almidón que se extrae de la raíz de la Mandioca(especie nativa de Sudamérica). Al transformar este almidón en alimento toma forma de grano de café y es muy divertido tomarlo con ayuda de una simple pajita. Riquísimo. Si queréis saber más sobre ellos, podéis seguir a Tipi’Óka en twitter: @TipiOka
Después de este último descubrimiento llega mi momento de dejar San Luis para volver a México D.F. Ya sólo quedan 2 días para regresar a España. Y los voy a explotar.
En mi último fin de semana me dio tiempo de conocer fantásticos lugares de la capital.
En primer lugar, organizamos una visita a Xochimilco: un enorme espacio de canales de agua en medio de la naturaleza lleno de originales embarcaciones decoradas con flores, colores y nombres de mujeres. Todo un espectáculo. Puedo decir que disfrutamos de un día perfecto con una compañía perfecta.
Ese mismo día aprovechamos que pasábamos por La Monumentale hicimos parada obligatoria. Estaba delante de la mayor plaza de
toros del mundo. Ya de por sí me parecía impresionante pero fui más allá. Le puse pucheritos a los guardias de seguridad y les dije que venía particularmente desde España para ver la plaza. Así que nos dejaron pasar. Y fue toda nuestra. Al verla desde dentro me quedé sin palabras. Estaba totalmente abrumada por la inmensidad de ese lugar. Corrí escaleras abajo y me metí dentro del albero a simular unos paseíllos. Toda una experiencia.
Por cierto, quien vaya a La Monumentalque pare enfrente a comer en “El Villamelon“, un clásico de las jornadas taurinas desde 1961: tacos combinados de chicharrón y cecina. Deliciosos.
El último día lo reservé para visitar el Palacio de Bellas Artes y el Zócalo. Ambos me impresionaron por su tamaño y belleza. Si hay que poner un “pero” es que había demasiada gente, pero nada que no supiéramos ya.
Antes de volver a casa, organizamos una última visita: el Museo Sumaya, recientemente inaugurado por el multimillonario Carlos Slim, propietario de todas las obras de arte que allí se exponían. Una auténtica declaración de ostentación, aunque reconozco que muchas de esas obras me dejaron impresionada. 
Esa noche nos reunimos todos para despedirnos en “La Bodega“, un restaurante único en la famosa Colonia Condesa. Este sitio atrae…está lleno de música y de distintos ambientes conseguido gracias a sus numerosas salas. Destaca la diversidad de su público y la maravillosa música en directo con sus grupos de rumba y boleros. La comida y los cócteles: un 10.
Como última curiosidad: TODAS las ciudades estaban plagadas de Volkswagen Escarabajo – o VOCHOS como los llaman allí-. Un porcentaje altísimo. Incluso algunos policías municipales lo llevaban. Me comentaron que allí se fabricaron pero aún así…es cantoso.
Tras esto último, llegó mi momento de hacer las maletas y decir adiós a este maravilloso país que tanto me ha dado. Pude traer a España grandes recuerdos y grandes amistades. Por ellos…aquí dejo lo que la luz de México dibujó en mí.












